La crisis económica ha incrementado la sensibilidad general en torno a los problemas financieros y a la ética de las empresas, organizaciones e instituciones, tanto privadas como públicas. El asunto es particularmente crítico en el área de la sanidad, cada vez más atosigada por el incremento de los costes y la escasez de recursos económicos.
La ética de los incentivos profesionales es frecuente tema de debate y polémica. Cuando éste tiene lugar, aparecen pronto dos posturas extremas. Una, los rigoristas tratan de demonizar cualquier tipo de incentivo, considerándolo intrínsecamente perverso. Otra, por el contrario, no se hace cuestión ética de los incentivos y considera que cuantos más, mejor.
El mundo sanitario presenta unas características peculiares que nos obliga a reflexionar sobre los valores que deben imperar en el quehacer diario. Esta reflexión es aún más necesaria en tiempos de crisis, una situación que puede cuestionar algunos de los principios del ámbito socio sanitario.
Las Enfermedades Raras (ER) son aquellas enfermedades con peligro de muerte o de invalidez crónica con una prevalencia menor de 5 casos por cada 10.000 habitantes. Existen de 5.000 a 8.000 ER diferentes, en su mayoría de causa genética.
La noción de ciudadanía ocupa un lugar privilegiado en las reflexiones teóricas y en las realizaciones prácticas. Conquistar la condición de ciudadano ha sido uno de los mayores logros en la historia de la humanidad.
La compensación económica por objetivos cumplidos es una práctica consolidada en el mundo empresarial. Desde hace algunos años también lo es en el mundo de la sanidad, tanto en la Atención Primaria como en la Atención Especializada. Los resultados parecen a gusto de todas las partes: reducción en costes de hospitalización, en factura de farmacia, en lista de espera… y la percepción de una cantidad económica que empieza a ser significativa para muchos profesionales.